Zusendandu

El baño espesado, la hiel y el peine:
cómo se ordena el color en el marmolado de papel

El marmolado consiste en hacer flotar pintura sobre una superficie líquida densa, ordenarla con herramientas muy simples y recoger esa capa de color con una hoja de papel. Todo ocurre en unos pocos segundos, pero depende de decisiones tomadas horas o días antes: la densidad del baño, la dilución de cada color y la cantidad exacta de hiel que se añade a cada frasco.

Estas páginas recogen notas de taller escritas mientras se trabaja: proporciones, tiempos de reposo, fallos frecuentes y la manera de repetir mañana lo que hoy salió bien.

En esta página

  • Preparación y reposo del baño espesado
  • Colores, molienda y dilución
  • La hiel como regulador de la tensión superficial
  • Peines, punzones y agujas
  • Peine, pavo real y chevrón
  • Papel y mordentado con alumbre
  • Impresión, enjuague y secado
  • Repetibilidad y conservación de las disoluciones
Superficie de un baño de marmolado con vetas de color arrastradas en ondas regulares
Vetas arrastradas sobre el baño antes de tomar la impresión: el dibujo ya está terminado cuando el papel todavía no ha tocado el líquido.

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El baño espesado y por qué necesita reposo

El baño es agua a la que se le ha dado cuerpo para que la pintura no se hunda ni se disperse sin control. Los dos espesantes de uso corriente son el carragenato, extraído de algas, y la goma de tragacanto, de origen vegetal. El carragenato se prepara con agua fría o templada, se bate hasta que no queden grumos y se deja reposar entre ocho y veinticuatro horas; durante ese tiempo el aire incorporado sube a la superficie y la mezcla se vuelve homogénea. Un baño usado el mismo día en que se prepara suele tener burbujas diminutas que aparecen después como puntos claros en la hoja.

La densidad correcta se reconoce más por el comportamiento que por el número: una gota de color debe abrirse en un disco de tres o cuatro centímetros y quedarse quieta. Si se dispersa hasta perder el borde, el baño está demasiado ligero; si la gota se queda pequeña y abultada, está demasiado espeso. Ajustar añadiendo agua poco a poco es sencillo; espesar un baño ya montado, en cambio, obliga casi siempre a preparar una mezcla nueva y unirla.

La temperatura importa más de lo que parece. El mismo baño se comporta de forma distinta a dieciséis grados que a veinticinco, y en verano, en buena parte de España, la diferencia entre la mañana y la media tarde es suficiente para cambiar el tamaño de las gotas. Conviene anotar la temperatura del taller junto al resto de los datos de la sesión.

  • Batir el espesante en agua fría y dejar reposar cubierto.
  • Colar antes de verter en la bandeja para retirar restos no disueltos.
  • Llenar la bandeja con dos o tres centímetros de baño, nunca hasta el borde.
  • Retirar la espuma superficial pasando una tira de papel de periódico.
  • Comprobar la densidad con una gota de prueba antes de empezar.

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Los colores y su dilución

Sirven los pigmentos molidos con un aglutinante ligero, las acuarelas líquidas y los gouaches disueltos hasta quedar muy fluidos. Lo importante no es la marca sino el tamaño de partícula: un pigmento bien molido y bien disperso se mantiene arriba, mientras que uno grueso o mal mezclado se va al fondo de la bandeja y ensucia el baño durante el resto de la jornada.

Cada color se guarda en su propio frasco, con su propio pincel o cuentagotas. La dilución de partida ronda la consistencia de la leche; a partir de ahí se corrige en la bandeja. Un color demasiado espeso queda como una mancha gruesa que no se deja peinar; demasiado aguado se vuelve translúcido y desaparece bajo los colores siguientes.

El orden de aplicación forma parte del resultado. El primer color se abre al máximo porque encuentra la superficie libre; los siguientes se van estrechando y empujando a los anteriores hacia los bordes. Por eso el fondo suele tenderse con el color que debe ocupar más superficie, y los tonos de detalle se reservan para el final, cuando el baño ya está ocupado y las gotas se mantienen compactas.

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La hiel: el regulador de la tensión superficial

La hiel de buey es el aditivo que decide cuánto se abre cada gota. Reduce la tensión superficial del color, de modo que la pintura se extiende sobre el baño en lugar de quedarse recogida. Con muy poca hiel, la gota se hunde o forma un punto pequeño y compacto. Con demasiada, el color se abre sin freno, se vuelve transparente y empuja a los demás hasta arrinconarlos.

La regulación es relativa, no absoluta: lo que cuenta es la diferencia entre un color y el siguiente. Se trabaja en escala ascendente, añadiendo unas gotas más de hiel a cada color que se aplica después del anterior. Así cada capa encuentra sitio sin borrar la que ya está tendida. Ese escalón se ajusta gota a gota y se anota, porque es la parte de la receta que más varía entre pigmentos.

Una prueba rápida antes de empezar ahorra material: se tienden dos o tres gotas de cada color en un rincón de la bandeja, se observa el diámetro que alcanzan y se retira todo con una tira de papel. Si el escalón entre colores es correcto, cada uno se abre un poco más que el anterior sin llegar a desplazarlo del todo.

  • Añadir la hiel al frasco, no a la bandeja.
  • Contar las gotas y anotarlas junto al nombre del color.
  • Corregir siempre por defecto: quitar hiel de un color ya preparado no es posible.
  • Recordar que un baño más espeso exige algo más de hiel para el mismo diámetro.
  • Limpiar la superficie del baño entre pruebas antes de tender el primer color definitivo.

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Peines, punzones y agujas

Las herramientas son deliberadamente elementales. Un punzón —una aguja gruesa montada en un mango de madera— sirve para arrastrar puntos aislados y dibujar líneas sueltas. Un estilete más fino permite trabajos de detalle. Los peines son listones de madera con púas clavadas a intervalos iguales, y se fabrican en el propio taller según la bandeja: la separación entre púas define la escala del dibujo, y la anchura total debe ser algo menor que el interior de la bandeja para poder entrar y salir sin tocar las paredes.

El movimiento tiene más peso que la herramienta. Un peine se pasa una sola vez, a velocidad constante, con las púas apenas sumergidas: si se hunden demasiado arrastran baño de fondo y el trazo se ensucia. Una pasada lenta produce ondas amplias; una rápida, un rizado menudo. Volver atrás sobre la misma línea casi nunca mejora el resultado, porque el color ya se ha movido.

  • Púas alineadas y limpias antes de cada pasada.
  • Entrada y salida del peine fuera de la zona que se va a imprimir.
  • Un recipiente con agua al lado para enjuagar el punzón entre trazos.
  • Un peine de separación amplia y otro de separación fina cubren casi todo el repertorio.
Detalle de un papel marmolado con nervaduras finas y plumas ordenadas en filas
Detalle de un patrón peinado: las nervaduras conservan la huella de la separación entre púas.

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Patrones clásicos y el orden en que se construyen

Casi todos los dibujos tradicionales parten de un fondo de gotas tendidas al azar, la llamada piedra, y se transforman con pasadas sucesivas. La secuencia importa: cada pasada actúa sobre el resultado de la anterior, y no hay forma de deshacerla.

Gotas o piedra

Colores tendidos uno tras otro sin peinar. Es el punto de partida de todo lo demás y, por sí solo, un patrón completo. Sirve además para comprobar la dilución y el escalón de hiel de la jornada.

Peine

Sobre el fondo de gotas se pasa primero un punzón en zigzag, de arriba abajo y de abajo arriba, y después un peine en sentido perpendicular. Aparecen entonces las filas de nervaduras finas y paralelas que dan nombre al patrón.

Chevrón

Partiendo del peinado, una pasada de peine en diagonal, o dos pasadas cruzadas en ángulo, rompe las filas rectas y forma la espina o punta de flecha característica.

Pavo real

Es el más exigente. Sobre un peinado previo se pasa un peine de púas espaciadas en dirección contraria y, a continuación, se desplaza lateralmente media separación, de manera que las nervaduras se recogen en abanicos regulares. Cualquier variación de velocidad se ve inmediatamente en la simetría de las plumas.

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El papel y el mordentado con alumbre

El color flota, pero no se queda pegado al papel por sí solo. La hoja se prepara antes con una disolución de alumbre —sulfato de aluminio y potasio— que actúa como mordiente y fija el pigmento en el momento del contacto. Sin ese tratamiento, el dibujo se transfiere de forma irregular y buena parte se pierde en el enjuague posterior.

El alumbre se disuelve en agua caliente y se deja enfriar. Se aplica con una esponja plana o una brocha ancha, siempre por la misma cara, en pasadas que se solapen ligeramente y sin dejar charcos: un exceso cristaliza al secar y deja marcas visibles. Las hojas se dejan orear hasta quedar apenas húmedas y se prensan un rato entre tableros para que recuperen la planitud. Conviene marcar con una señal discreta en el reverso cuál es la cara mordentada, porque una vez seca no se distingue a simple vista.

Funcionan bien los papeles de fibra con algo de cuerpo y encolado interno; los muy satinados retienen menos color y los demasiado absorbentes se ablandan en la bandeja. Las hojas mordentadas se usan preferiblemente dentro de los días siguientes: con el tiempo el alumbre pierde eficacia y puede amarillear el papel.

  • Disolver el alumbre por completo antes de aplicarlo.
  • Mordentar una sola cara y señalarla en el reverso.
  • Evitar acumulaciones y gotas secas sobre la superficie.
  • Prensar las hojas antes de usarlas.
  • Cortar el papel algo más pequeño que la bandeja.

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Tomar la impresión y enjuagar

La hoja se sujeta por dos esquinas opuestas, se apoya primero un borde sobre el baño y se deja caer el resto en un movimiento continuo, sin dejarla planear. El aire atrapado bajo el papel se traduce en manchas blancas sin pigmento, y volver a apoyar la hoja sobre el mismo sitio genera un doble contacto que se nota como una sombra desplazada.

El papel permanece sobre el baño solo unos segundos. Después se levanta tirando desde una esquina en diagonal y apoyando el borde en el filo de la bandeja para escurrir el exceso de espesante. A continuación se enjuaga con un chorro suave de agua sobre una superficie inclinada, dejando que el agua corra en la dirección del peinado. El enjuague retira el carragenato sobrante, no la pintura: el color ya está fijado por el alumbre y aguanta bien si el mordentado se hizo correctamente.

Entre una hoja y la siguiente hay que limpiar la superficie del baño con una tira de papel, porque siempre quedan restos de color que arruinarían el fondo del dibujo siguiente.

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Secado y alisado de las hojas

Las hojas se cuelgan de un tendedero con pinzas por un borde, o se dejan sobre rejillas que permitan el paso del aire por las dos caras. El secado al sol directo es rápido pero desigual y tiende a ondular el papel; una habitación ventilada y en sombra da mejores resultados. En zonas de interior secas conviene alargar el proceso en lugar de acelerarlo.

Ya seco, el papel queda casi siempre alabeado. Se alisa prensándolo entre cartones lisos con peso encima durante uno o dos días, o pasando una plancha templada por el reverso con una hoja de papel limpio en medio, nunca directamente sobre la cara marmolada. Algunos talleres bruñen después la superficie con una piedra ágata para darle brillo; es un acabado opcional y conviene probarlo antes en una hoja de descarte, porque no todos los pigmentos lo aceptan igual.

Las hojas terminadas se guardan planas, separadas por papel neutro, en un lugar sin humedad y sin luz directa.

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Repetibilidad y conservación de las disoluciones

La diferencia entre una casualidad afortunada y un patrón que se puede repetir está en el cuaderno. Una ficha breve por sesión basta: espesante y proporción, fecha de preparación del baño, temperatura del taller, colores usados con su dilución y su número de gotas de hiel, herramienta y sentido de cada pasada. Con esos datos, una hoja que salió bien en marzo se puede reconstruir en septiembre con un margen razonable.

El baño espesado se conserva unos días en frío y tapado; a partir de cierto momento cambia de olor y de comportamiento, y es preferible desecharlo antes que pelearse con él. Los colores diluidos duran más, pero se sedimentan: hay que agitarlos y comprobar de nuevo el diámetro de la gota antes de cada sesión, porque la hiel también pierde efecto con el tiempo. La disolución de alumbre se guarda en frasco cerrado y bien etiquetado, separada de los colores.

  • Etiquetar cada frasco con contenido y fecha.
  • Anotar la temperatura y la humedad aproximadas de la jornada.
  • Guardar una tira de prueba de cada sesión junto a la ficha.
  • Filtrar el baño si se va a reutilizar al día siguiente.
  • Descartar sin dudarlo un baño que haya cambiado de olor.

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Qué se publica en Zusendandu

Zusendandu es un proyecto informativo y editorial dedicado al marmolado de papel. Lo que se publica son textos de taller: descripciones de procesos, proporciones de trabajo, listas de comprobación y notas sobre los errores que aparecen con más frecuencia. Todo el material está escrito en torno a un único ámbito —la preparación del baño, el color, la herramienta, el papel y el acabado— y no se extiende a otros asuntos.

Los contenidos se revisan y se amplían a medida que se acumulan observaciones. No hay servicios, ni pedidos, ni cursos: la finalidad es dejar por escrito una práctica que se transmite casi siempre de forma oral y que, por eso mismo, se documenta poco.

En Sobre el proyecto se explica con más detalle su carácter y su alcance.

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Para comentarios sobre los textos, correcciones, dudas concretas sobre alguno de los procesos descritos o sugerencias de temas relacionados con el marmolado, se puede escribir por correo electrónico:

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